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La influencia del agua en nuestra salud

Agua es la sustancia más importante para la vida en la tierra. Es el líquido que crea la vida, que fluye de la misma forma por todos los organismos: plantas, animales y seres humanos.

De ahí que nuestra existencia esté tan estrechamente vinculada a la calidad del agua que tomamos. Aparte de lo que necesitemos para nuestro propio consumo, también necesitamos el agua para todo lo que en un futuro queramos comer o dejar crecer. De modo que si queremos seguir viviendo en salud y felicidad, debemos reconocer el agua como uno de los bienes más preciados de la tierra y tratarla con el máximo cuidado.

Hoy en día, en la mayoría de los llamados países desarrollados, el agua potable suele estar clorada y en parte incluso fluorada, a fin de conseguir la esterilidad de la misma y librarla de microorganismos nocivos y bacterias infecciosas. Sin embargo, los métodos actuales de purificar y distribuir el agua, la matan. El agua mala o mal-tratada debilita a las personas que están obligadas a consumirla constantemente. Esto conduce a procesos degenerativos dentro de estas personas, y finalmente a su destrucción.

La ciencia pasa por alto el hecho de que el agua, como portador de la vida, tiene vida propia, y que tenemos que conservarle este estado para que pueda cumplir con su objetivo natural. Para la ciencia el agua es una «combinación química», y bajo este punto de vista se administra a millones de personas un líquido preparado, que es todo menos agua sana, ni para beber ni para bañarse, y también perjudica el sistema inmunológico de nuestras plantas y animales. Como prueba y justificación, la burocracia suele hablar de epidemias como el tifus y el cólera, que se propagan por medio del agua y que gracias al tratamiento actual del agua ya no existen en nuestro mundo civilizado.

Pero de lo que estas fuentes nunca informan es que el cloro como esterilizador del agua, mata a todas las bacterias sin excepción, es decir a las malas como a las buenas. En resumen: nuestro agua es un cadáver líquido.

Más importante e inquietante es sin embargo el hecho de que también desinfecta la sangre (90% contenido de agua) y la savia, matando también a microorganismos que fortalecen el sistema inmunológico, debilitando así seriamente a las personas que lo consumen regularmente. El sistema inmunológico queda afectado de tal manera que no puede defenderse de virus, bacterias o células malignas. Si consumimos regularmente agua clorada, esterilizamos al mismo tiempo nuestra sangre y nos condicionamos para el brote de una enfermedad.

¿Y qué otros efectos tiene el cloro? En realidad las cantidades de cloro que se añaden al agua potable no son grandes, como relación media aproximada un 10:1.000.000, siempre y cuando el sistema de dosificación funcione correctamente. El cloro se diluye en agua fría, pero empieza a descomponerse en cuanto el agua se calienta, y entonces se forma ácido clórico, que explota y oxida con gran facilidad. En la biología y en la bioquímica se emplea para fines analíticos, para la escisión de materia orgánica.

Ya se está empezando a sospechar que, una vez saturados de agua clorada y bajo la influencia de la luz solar, los vasos capilares que transcurren directamente debajo de la piel podrían causar mini-explosiones ligerísimas y aparentemente inofensivas, y que debido a ello hay capilares que en parte se rompen. Todos estos procesos anormales de oxidación conducen a una alteración de los flujos de energía naturales dentro del cuerpo humano.

A comienzos del siglo XX, Viktor Schauberger (1885-1958), un guardabosques austriaco, ya en su tiempo reconocido como investigador del agua, relacionó consecuentemente la forma de tratamiento del agua con propiedades inmateriales que las personas podían adquirir con el agua. Schauberger dijo que «si se alteran las sustancias básicas en su composición, forzosamente también tienen que cambiar no solo el metabolismo en que se basa la formación continua del cuerpo, sino también la formación y el desarrollo mentales».

Alimentos poco salubres, agua inadecuada y el calentamiento ligeramente excesivo del cuerpo que de ello se deriva, produce, según Schauberger, circunvoluciones demasiado gruesas en la estructura general del cerebro. De este modo se formaría un cerebro incapaz de funcionar de forma intuitiva o de comprender los detalles de los procesos naturales. Degeneraría hasta ser un órgano que puede ser capaz de pensar lógicamente, pero nunca de forma biológica, es decir, con una «lógica viva» capaz de ser consciente de vínculos e interacciones energéticas.

Schauberger comparaba la fisonomía del cerebro con los anillos anuales de un árbol. Según su opinión, solo se podían desarrollar buenas propiedades de carácter a partir de un cerebro con circunvoluciones muy angostas, al igual que una madera es de buena calidad y resonancia cuando sus anillos anuales son muy seguidos y apretados. «Un cerebro de circunvoluciones gruesas se podría comparar con un instrumento de música malo, para cuya fabricación se emplearon materiales malos, por lo que tampoco podría producir tonos bellos para influir armónicamente sobre el mundo», escribe Callum Couts en su amplia obra de living energys (no está en castellano todavía) que contiene los trabajos de investigación de Viktor Schauberger.

Mientras tanto existen muchos indicios que apoyan la opinión de Schauberger. Cada día nos llama la atención la creciente miseria mental, como el aumento de depresiones, problemas de concentración, conductas irracionales y brutales e hiperactividad, que cada vez afectan a más personas y cada vez a edades más tempranas. Lo que aquí se está sacrificando sobre el altar del beneficio rápido no es ni más ni menos que el futuro, la salud física y psíquica de nuestros hijos y de futuras generaciones.

Ya hace 70 años que, con su invento de mejorar el agua, Viktor Schauberger puso en duda la visión del mundo que teníamos a partir de las ciencias naturales. Él construyó la primera técnica para la preparación de un agua comparando el agua de los manantiales. Los expertos estudiados protestaron. Pero a pesar de ello, Viktor Schauberger ascendió de guardabosques a consejero del ministerio federal austriaco para agricultura y silvicultura altamente remunerado, porque construyó una planta de lavado de madera por flotación que funcionaba en contra de todas las leyes científicas. Para él, el agua era la sangre de la tierra. Schauberger fue uno de los librepensadores más importantes del siglo pasado.

En el año 2000 la revista alemana «ZeitGeist», un foro interdisciplinario para nuevos caminos dentro de la ciencia, la medicina, el arte y la filosofía, ha publicado una lista con 40 sistemas biofísicos de tratamiento de agua existentes en el mercado de habla alemana. Los sistemas más eficaces que influyen en el cambio de la estructura biofísica del agua trabajan con recetas de antiguas culturas altamente desarrolladas, en combinación con las observaciones en la naturaleza según Viktor Schauberger, combinados con los conocimientos y resultados de investigaciones más recientes.

Con nuestra, al parecer, irreversible contaminación medioambiental, hemos ensuciado una parte importante del planeta: el agua. Hemos puesto en peligro toda la parte de agua de nuestra existencia humana, que al fin y al cabo son 2/3 de nuestro peso, ya que el agua es el fundamento de nuestra salud. Pero el agua no solo es la base de nuestra salud corporal: como transmisor de información también es responsable de nuestra salud mental.

Por Marion Kuprat
www.revistanatural.com

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